De un temor a una fobia

El miedo es una emoción que, junto con el dolor, la rabia y el placer configuran las emociones básicas del ser humano. Esta emoción primaria deriva de la aversión natural al riesgo o amenaza y se manifiesta tanto en los animales como en el ser humano. Desde el punto de vista biológico, es adaptativa y constituye un mecanismo de supervivencia y de defensa que hace que podamos responder con rapidez y eficacia ante situaciones adversas.

El problema surge cuando el miedo, se vuelve exagerado, irracional, muy intenso, angustioso y en determinadas situaciones o ante determinadas personas o cosas limita las acciones de la persona; entonces es cuando nos encontramos ante el miedo patológico.

Pueden existir tantos tipos de fobias como estímulos, que se diferencian en lo que las desencadena. Como la lista es larga, a continuación se detallan algunas de ellas:

Fobias que tiene como estímulo desencadenante el espacio físico: claustrofobia (temor a espacios cerrados); agorafobia (temor a los lugares públicos o abiertos, o a eventos y espacios donde escapar sea imposible o no haya ayuda disponible)…..…

Fobias sociales: en las que el estímulo tiene que ver con el trato social: (miedo a hablar en público, a intervenir en clase o realizar una exposición; reuniones sociales en las que tendrá que relacionarse: fiestas, eventos; encuentros inesperados con conocidos, familiares, amigos, etc.)

Fobias específicas: en las cuales el estímulo es concreto (temor a los cuchillos........; o zoofobias (temor a los animales: gatos, ratas, arañas..)……..
Fobia a volar: Aerofobia; Amaxofia (temor a conducir un vehículo.)…..

Fobias numéricas y/o geométricas: tripofobia (temor a los pequeños agujeros y pequeños triángulos muy juntos; tetrafobia (temor al número 4)………

Durante la infancia suelen aparecer muchos miedos, son normales, suelen aparecer coincidiendo con períodos de edad determinados, algunos aparecen sin razones aparentes y están sujetos a un ciclo evolutivo y desaparecen en el transcurso del tiempo; solo cuando estos miedos dejan de ser transitorios hablamos de fobias.

En la adolescencia e inicio de la edad adulta aparece ya una fobia muy común, la fobia social, que interfiere de manera más relevante en la vida de los que la padecen, se caracteriza por el miedo a la evaluación negativa que puedan realizar los demás del comportamiento propio.

En la edad adulta, generalmente, unas fobias desaparecen apareciendo otras que van emparejadas a la situación emocional que se vive en esta etapa, incluso algunas fobias nos acompañan toda la vida cómo el miedo a los ratones, arañas, serpiente, etc.

Sorprendentemente, las fobias no son un trastorno extraño; de hecho son muy comunes. Es el trastorno más extendido por la cantidad de personas que lo sufren. En el año 2000, la Organización Mundial de la Salud lo definió como la patología humana mas importante, ya que afecta a más del 20% de la población.

Existen diferentes niveles de gravedad:

Leve: cuando la persona que padece el miedo ante diversas situaciones amenazadoras no se ve invalidado para la normal realización de sus actividades.

Medio: cuando la persona siente temor frente a situaciones o condiciones inquietantes, pero fuera de estas lleva una vida normal.

Severo: cuando la persona no logra gestionar el miedo, que muchas veces se convierte en pánico y le hace imposible seguir con su vida normal.

Debemos tener en cuenta que en lo que respecta a la modalidad con la que, a partir de un estimulo, se llega a la verdadera patología, el mecanismo es el mismo.

La primera solución intentada que una persona pone en marcha es evitar todo aquello que teme, situaciones consideradas de riesgo; inicialmente evitar nos hace sentirnos seguros, pero a la vez confirma nuestra incapacidad de afrontar y superar esas dificultades que tememos. Lo que al inicio nos ayuda luego nos daña.

La segunda solución intentada es pedir ayuda. Aquí nos encontramos con la misma situación que con la estrategia anterior, mientras que cuando pido ayuda y me la dan me encuentro aliviado, en el tiempo, ese guión me confirma mi propia incapacidad. Por lo tanto, lo que nos salva nos condena.

La tercera solución intentada se basa en intentar controlarse. Se trata de casos en el que el intento de control lleva a la pérdida de control. La gran mayoría de los trastornos fóbicos se rigen por esta dinámica paradójica. Tratar de controlar nuestras propias reacciones sin conseguirlo es el guión que conduce a la esclavitud del miedo.

Por lo tanto, las tres soluciones intentadas disfuncionales: la evitación, la demanda de protección y ayuda, y el control que hace perder el control, hacen que se retroalimenten hasta que la persona termina recluida en su propia prisión.

Una terapia eficaz en estas circunstancias debe ir dirigida a interrumpir el circulo vicioso contraproducente que la persona pone en práctica mediante sus tentativas fallidas de gestionar el miedo, y puede resolver el desorden en el transcurso de unos meses, y sin recurrir a los fármacos; ya que, si bien, por un lado “la muleta química” (utilización de fármacos) reduce la ansiedad, por el otro confirma a la persona fóbica su incapacidad de conseguirlo por sí misma.

La terapia breve estratégica ha diseñado estrategias específicas, compuestas por una serie de maniobras desarrolladas a lo largo de un proceso fijado de antemano, capaces de proporcionar una rápida y efectiva solución a las diversas variantes del problema fóbico, con un 95% de casos resueltos. Es, por lo tanto, una de las terapias más efectivas en la resolución de este tipo de problemática.

Si crees que tienes algún tipo de fobia es el momento de liberarte de ese miedo; te ayudará a vivir mejor. Llámanos o envíanos un email y cuéntanos tu historia. Siempre que hay un problema hay una solución y  te podemos ayudar.

Gloria Blanco

“Todo es más simple de lo que pueda creerse y al mismo tiempo más complicado de lo que pueda entenderse”
(Johann Wolfang Goethe)